Yo nunca me metí en política



Yo era un chico bueno… Nunca abanderado, pero por lo menos muy buen compañero y casi todo el grado, se formaba en ruedo, bajo el sol del patio, para que entre juegos le cantara al viento mi última canción (de amor)

Yo era un chico bueno para los mandados. Me querían los viejos y las hijas de ellos me querían al lado. Ahora que lo pienso… Qué me habrá pasado, que me he convertido en ultra cautivo de la crispación.

Si en política nunca, jamás me metí, ella sí se ha metido conmigo. Me prohibió en la niñez dos palabras decir, remplazó nombres por adjetivos. Por Perón se decía brutal dictador… Por Evita, mejor ni te digo.

En política nunca, jamás me metí, ella sí se ha metido conmigo. Con un libro de Instrucción Cívica fui instruído en infamias y olvidos. De uniforme, de traje, con odio y terror la política entró dentro mío.

Yo era un chico bueno, bastante viajado. Conocí otras tierras, no de la manera en que lo había soñado. Pero no me quejo, me la habré buscado, y aunque esté más viejo puedo andar más lejos buscándote a vos, mi amor.

Yo era un chico bueno siguiendo los pasos de Hugo del Carril, del gran Discepolín y de Leonardo Favio. Para ser sincero, sólo los alcanzo en las negras listas de justicialistas y en su maldición.

En política nunca, jamás me metí, ella sí se ha metido conmigo. Me manchó el calendario de marzo y de abril con la sangre de hermanos y amigos. Sin pedirme permiso y menos perdón y por años sin juicio y castigo.

En política nunca, jamás me metí, ella sí se ha metido conmigo. Deberemos entonces los dos convivir, pero ahora con ella decido qué herramienta empuñar, hacia qué dirección y con quiénes me abrazo y camino